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Nos
acostumbraron a ir cada domingo a la iglesia, a la "escuela
dominical" donde nos reuníamos con otros niños
a estudiar la Biblia. Desde entonces el cristianismo ha sido parte
de mi vida no como una
religión más, sino
como un estilo de vida. Así fui
creciendo y aprendiendo de mis padres y de lo
que la vida se encargaba de enseñarme. Una vez que
pasé de mi niñez a la etapa de la adolescencia,
era el momento de aplicar todo
lo que mis padres me habían enseñado, era el
momento de encontrarme a mí
misma y decidir qué camino tomar. Aquella personalidad
de aquella niña tímida y callada
empezó a cambiar. En el colegio tenía muchos amigos
con
los que me gustaba pasar la mayor parte de mi tiempo, pero
nunca descuidé
mis estudios. Siempre
me ha gustado estudiar y aun desde que estaba en la escuela,
mi madre no tenía que mandarme a hacer mi tarea, pues apenas
llegaba a mi casa era lo primero que hacía, no como una
obligación, sino porque lo disfrutaba.
A la edad de los
15 años empecé a cantar en un grupo cristiano.
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