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Aunque él llegaba a casa cansado
después de un día duro de trabajo, con todo su amor
y paciencia hacía todo lo que le decíamos. Jugábamos
a que él era nuestro hijo y que tenía
que obedecernos y tomarse
el chupón; así él
nos complacía con todas nuestras ocurrencias.
A la hora de la cena nos sentábamos todos juntos en la
mesa con una deliciosa comida que preparaba mi mama: Arroz, frijoles,
tortillas, ensalada, plátanos maduros, alguna carne arreglada
o vegetales (en fin, una comida típica de Costa Rica).
Después era muy común sentarnos juntos
en la sala o en el cuarto a ver televisión o simplemente
jugar o conversar, costumbre que aun se
practica en mi familia.
Cuando estaba pequeña era
una niña muy tranquila, callada y tímida, totalmente
lo contrario de
mi hermana, pero la relación de hermanas siempre fue buena.
Empezábamos a jugar y terminábamos peleando, pero
a los cinco minutos ya estábamos jugando otra vez como
si nada hubiera pasado. Tenemos personalidades muy diferentes,
sin embargo las
dos hemos recibido la misma educación por parte de nuestros
padres. Desde que estábamos muy pequeñas nos
inculcaron buenos valores morales, principalmente valores
religiosos.
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