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Esta es una característica
peculiar de las culturas latinoamericanas: es tradicion ver la
dedicación de las mujeres por embellecer
sus casas cada día como un constante ritual. Así,
después de cumplir
con nuestras tareas, me dedicaba a jugar con mi hermana o
con los amiguitos del barrio
ya
fuera en el patio o afuera en el vecindario. Siempre encontrábamos
juegos diferentes con que pasar el tiempo: quedo, escondido, el
lobo no está, la gallina y el gavilán,
o simplemente
dejábamos que nuestra imaginación volara y nos
divertíamos contando historias de miedo o de aventuras.
Al final de la tarde cada
cual volvía a su casa. Para mi hermana y yo era la
hora más linda del día pues era cuando nuestro padre
volvía del trabajo y estábamos deseando verlo después
de todo un día. Lo esperábamos en la puerta o a
la par de la ventana y cuando lo veíamos a
lo lejos era la alegría más grande. Lo recibíamos
con besos y abrazos
y entre esa contentera
lo primero que
le decíamos era "vamos a jugar"; aun
teníamos energía después de un largo día
de pasatiempos
con nuestros amigos.
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