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Ahora, después de 22 años,
aquella niña tímida y callada que le gustaba jugar
a la casita, ha
crecido y ha tenido que aprender de la vida; ha tenido sus
momentos de alegría y momentos difíciles; ha tenido
que luchar y aun llorar por estar
a punto de perder la esperanza. Sin embargo, por el ambiente
en que crecí y en que me educaron mis padres, he aprendido
a valorar la vida y
a tener una mente positiva y quizás en cierta manera soñadora.
Sí, esa es la palabra que me caracteriza--"sonadora"--pero
es lo que me ha llevado a alcanzar
metas, quizás insignificantes para muchos que lo han
tenido todo, pero valiosas
como el oro para mí pues ha sido un tiempo de luchas
y de muchos sacrificios por parte de mis padres. Me siento satisfecha
con mi vida pues tengo un hogar que me ha enseñado valores
y lo que es el amor; porque mis padres me enseñaron a conocer
a Dios, no como alguien que simplemente existe y en el cual muchos
creen, sino como un amigo que está conmigo todos los días,
que me guía y me habla y que si he llegado hasta aquí
es porque El vive dentro de mí."
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