Su señoría penetró en el mortuorio y echó la zarpa al fantasma, quien cayendo de rodillas, y arrojando un rebocillo que le servía de antifaz, exclamó:
--¡Por Dios, señor general! ¡Sálveme usted!
El general La Fuente, que tuvo en poco al alma del otro mundo, tuvo en mucho al alma de este mundo sublunar. ¡La Viudita era . . . era . . . una lindísima muchacha!
--¡Caramba!—dijo para sí La Fuente--. Si tan preciosas como ésta son todas las ánimas benditas del purgatorio, mándeme Dios allá de guarnición por el tiempo que sea servido.
Y luego añadió alzando la voz:
--Tranquilícese, niña; apóyese en mi brazo, y véngase conmigo a la prefectura.
2.
Hildebrando Béjar era el don Juan Tenorio de Arequipa. Como el burlador de Sevilla, tenía a gala engatusar muchachas y hacerse el orejón cuando éstas, con buen derecho, le exigían el cumplimiento de sus promesas y juramentos. Él decía como un poeta:
Cuando quiera el Dios del cielo que caiga Corpus en martes, Entonces, juro y rejuro, será cuando yo me case.
Víctima del calavera fue, entre otras, la bellísima Irene, tenida hasta el momento en que sucumbió a la tentación de morder la manzana, por honestísima y esquiva doncella. |