Y don Raimundo Pareja cumplió literalmente su juramento, porque ni en vida ni en muerte dio después a su hija un solo centavo. Pero los encajes que adornaban la camisa de la novia costaron dos mil setecientos duros. Además, el cordoncillo del cuello era una cadena de brillantes que valía treinta mil duros.
Los recién casados hicieron creer al tío aragonés que la camisa no era cosa de gran valor; porque don Honorato era tan testarudo que al saber la verdad habría forzado al sobrino a divorciarse.
Debemos convenir en que fue muy merecida la fama que tuvo la camisa nupcial de Margarita Pareja.
De Tradiciones peruanas, 1891 |