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Reading with On-line Vocabulary and Grammar Notes

Spanish Reading Exercise

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Al otro día, a la puesta del sol, se apeaba el doctor Angulo en el patio de la casa parroquial, gritando como un frenético:

--¡Ana! ¡Ana mía!

Pero Dios había dispuesto que el infeliz no escuchase la voz de la mujer amada. Hacía pocas horas que el cadáver de Ana había sido sepultado en la iglesia. Don Gaspar se dejó caer sobre una silla y se entregó a un dolor mudo. No exhaló una imprecación, ni una lágrima se desprendió de sus ojos. Esos dolores silenciosos son insondables como el abismo. Parecía que su sensibilidad había muerto, y que Ana se había llevado su alma.

Pero cerrada la noche, cuando todo el pueblo estaba entregado al reposo, abrió una puertecilla que comunicaba con la sacristía del templo, penetró en él con una linterna en la mano, tomó un azadón, dirigióse a la fosa y removió la tierra.

¡Profanación! El cadáver de Ana quedó en breve sobre la superficie. Don Gaspar lo cogió entre sus brazos, lo llevó a su cuarto, lo cubrió de besos, rasgó la mortaja, lo vistió con un traje de raso carmesí, echóle al cuello el collar de perlas y engarzó en sus orejas las arracadas de piedras preciosas.

Así adornado, sentó el cadáver en un sillón cerca de la mesa, preparó dos tazas de hierba del Paraguay, y se puso a tomar mate.

Después tomó su quena, ese instrumento misterioso al que mi amigo el poeta Manuel Casillo llamaba:

Flauta sublime de una voz extraña
Que llena el corazón de amarga pena
,

 

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Last updated: 21 January 2000
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