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Cierta noche, cuando Genaro regresaba a casa
de la cantina, su padre, con voz compasiva, trató de hacerle
comprender el daño
que les estaba haciendo a todos, pero Genaro estaba tan borracho
que atacó a su padre, y lo obligó a ponerse
de rodillas como un perro para pedirle perdón por tratar
de cambiarlo. El pobre hombre, desde el suelo, maldijo a su hijo
diciéndole: "Te he dado cuanto has pedido, siempre
estuve a tu lado cuando me necesitaste y así me pagas!
Yo me arrodillo como un perro, pero el verdadero perro eres tú,
por morder la mano que te alimenta. Serás un perro, y tu
destino será vagar por el mundo cuidando de todos los que
son como tú, malagradecido
y parrandero."
El silencio de la noche fue roto por un aullido
que sonaba más como un lamento desgarrador.
Genaro desapareció y su padre murió de tristeza
al poco tiempo.
Desde entonces, cuentan que todos aquellos que
sean ingratos, borrachos e irresponsables deben tener cuidado
al salir de las cantinas, pues el cadejos, animal bravío
y sanguinario,
les seguirá hasta sus casas. No traten de correr, pues
es imposible escapar de esta bestia que alguna vez fue un hombre
y que ahora se conoce en Costa Rica como el perro del diablo.
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