Algunos destos hilos tenían otros hilitos delgados del mismo color, como hijuelas, o excepciones de aquellas reglas generales, como digamos en el hilo de los hombres o mujeres de tal edad, que se entendían ser casados; los hilitos significaban el número de los viudos o viudas que de aquella edad había aquel año, porque estas cuentas eran anuales, y no daban razón más que de un año solo.
Los ñudos se daban por su orden de unidad, decena, centena, millar, decena de millar, y pocas veces o nunca pasaban a la centena de millar; porque como cada pueblo tenía su cuenta de por sí, y cada metrópoli la de su distrito, nunca llegaba el número destos o de aquellos a tanta cantidad que pasase la centena de millar, que en los números que hay de allí abajo tenían harto. Mas si se ofreciera haber de contar por el número centena de millar, también lo contaran, porque en su lenguaje pueden dar todos los números del guarismo como él los tiene; mas porque no había para qué usar de los números mayores, no pasaban del decena de millar. Estos números contaban por ñudos dados en aquellos hilos, cada número dividido del otro; empero los ñudos de cada número estaban dados todos juntos debajo de una vuelta, a manera de los ñudos que se dan en el cordón del bienaventurado patriarca San Francisco, y podíase hacer bien porque nunca pasaban de nueve, como no pasan de nueve las unidades y decenas, etc.
En lo más alto de los hilos ponían el número mayor, que era el decena de millar, y más abajo el millar, y así hasta la unidad. |
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