El juez de los divorcios

 

   
 
Mire, mire los surcos que tengo por este rostro, de las lágrimas que derramo cada dia, por verme casada con esta anatomía.
 

¿Qué más pruebas, sino que yo no quiero morir con ella, ni ella gusta de vivir conmigo? ¿Y por qué no me habéis vos de guardar a mí decoro y respeto, siendo tan buena como soy?
Así que me será forzoso suplicar a vuesa merced, señor juez, que nos divida y aparte.

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